Una elección local que alerta al país
Durante el Imperio español, los Tercios eran símbolo de disciplina y autoridad. Sin embargo, en las democracias modernas, el poder no se impone con fuerza ni con relatos épicos, sino que se construye con legitimidad, consensos y respeto institucional. Aunque ciertos sectores —como La Libertad Avanza— intenten recuperar símbolos imperiales, como el ave miller, hoy no alcanza con un 28 % de los votos para sostener un proyecto político viable. Mucho menos para aspirar a gobernar Rosario, la segunda ciudad más importante de Argentina.
Las elecciones de concejales de Rosario, celebradas en junio de 2025, encendieron alarmas políticas e institucionales. Juan Monteverde, referente del frente Ciudad Futura, fue el candidato más votado, consolidando su liderazgo territorial y fortaleciendo su bancada en el Concejo Municipal.
Sin embargo, su perfil no representa una alternativa institucionalista. Monteverde ha promovido un discurso de raíz populista, cercano al kirchnerismo, y su apoyo a Sergio Massa en 2023 fue coherente con esa lógica de poder. Hoy, se muestra dialoguista, pero arrastra una historia de enfrentamientos y deslegitimación del adversario.
Monteverde: entre el relato popular y las prácticas polémicas
Lejos de encarnar una figura institucional, Monteverde ha protagonizado episodios que generan inquietud. En octubre de 2022, durante una sesión ordinaria, acusó públicamente al entonces concejal Roy López Molina de integrar una “mafia política”. En otra sesión, declaró: “Yo también iba a prender fuego esto”, en referencia a protestas por desalojos. La frase quedó asentada en actas y causó rechazo, incluso entre aliados ideológicos.
A esto se suman denuncias por presuntas irregularidades en la adjudicación de obras públicas a través de la cooperativa El Hormiguero, vinculada a su padre. Investigaciones de Infobae y Clarín revelaron que, durante su gestión como concejal, se habrían autorizado licitaciones millonarias que beneficiaron a cooperativas afines, en un esquema de posible conflicto de intereses. Pese a la gravedad, los medios locales han mantenido un silencio llamativo.
Monteverde también ha exteriorizado afinidades ideológicas que preocupan. En septiembre de 2023 viajó a Bolivia, donde se reunió con referentes del MAS y elogió el modelo de “democracia comunal” de Evo Morales, una experiencia que —según sus propias palabras en Página 12 (30/09/2023)— admira por su participación directa sin intermediarios. Nunca condenó los abusos del régimen de Nicolás Maduro, y comparte con sectores del chavismo la visión de estructuras comunales como vía de transformación política.
Monteverde vs. Aleart: dos modelos en Rosario
Frente al avance de Juan Monteverde, se posiciona Juan Pedro Aleart, concejal electo por La Libertad Avanza y periodista de profesión. Ambos representan modelos antagónicos dentro de la oposición rosarina. Monteverde se autoproclamó representante de los trabajadores, aunque nunca se desempeñó en el sector privado ni en ámbitos productivos. Su trayectoria se limita a la militancia estudiantil, la gestión de cooperativas y la participación partidaria.
En cambio, Aleart encarna una oposición liberal con foco en la legalidad, el mérito y el orden republicano. Rechaza la ruptura institucional, apuesta por reformas desde adentro y promueve un discurso técnico, menos emocional y más centrado en resultados.
A pesar de sus méritos, La Libertad Avanza aún no logra romper el techo del 30 % del electorado en Rosario, y su estructura territorial sigue dependiendo del arrastre nacional de Javier Milei.
Riesgos institucionales e impacto económico en Santa Fe
La fragilidad institucional que atraviesa la política santafesina no solo amenaza la democracia: también perjudica el clima de negocios, la inversión y el desarrollo económico. El avance de liderazgos con retórica radical y prácticas opacas en el uso de fondos públicos desalienta la llegada de capitales, erosiona la confianza empresarial y debilita la seguridad jurídica.
Las denuncias contra Monteverde por desvío de recursos y su discurso incendiario generan preocupación entre inversores. Un informe del IERAL (Fundación Mediterránea, abril 2025) advierte que “la inestabilidad política y la informalidad en los procesos licitatorios municipales son obstáculos claves para el desarrollo local y la atracción de inversión privada”.
Si la deliberación democrática se reemplaza por una lógica de confrontación permanente, la gestión estatal se vuelve disfuncional. En ese marco, proyectos de infraestructura, planes de urbanización o líneas de crédito productivo pierden viabilidad y financiamiento.
Además, la baja participación en las elecciones rosarinas —apenas el 52 % del padrón votó en junio— pone en evidencia un preocupante nivel de apatía cívica, con potencial impacto negativo en las legislativas de octubre.
La Libertad Avanza, por su parte, debe madurar políticamente. Si bien cuenta con 38 diputados nacionales, una encuesta de Letra P (septiembre 2024) reveló que apenas el 7 % de la ciudadanía puede identificar a algún legislador del espacio. La falta de visibilidad y de cuadros técnicos es una debilidad estructural que debe corregirse si se aspira a construir una alternativa real de poder.
Conclusión: Santa Fe necesita institucionalidad, liderazgo y sentido común
La democracia santafesina atraviesa una etapa crítica, en la que el avance del populismo de izquierda, la radicalización del discurso político y la erosión de las normas democráticas amenazan con profundizar la crisis. La figura de Juan Monteverde sintetiza esos riesgos: sin experiencia laboral ni institucional sólida, crece electoralmente gracias a la retórica del enfrentamiento, el relato épico y la lógica de amigo-enemigo.
Frente a esto, La Libertad Avanza debe abandonar la dependencia exclusiva de Javier Milei y construir una fuerza política sólida, con liderazgos visibles, cuadros técnicos capacitados y una estrategia de inserción territorial. La recuperación de la confianza ciudadana no se logra con carisma ni con consignas provocadoras, sino con instituciones eficaces, transparencia y resultados.
Santa Fe necesita más que eslóganes: requiere una reconstrucción política seria, basada en el diálogo, la legalidad y el sentido común. En tiempos de crisis, no se trata de volver a los Tercios ni de “prender fuego todo”. Se trata de reformar las instituciones para que funcionen, y para que sirvan a una sociedad harta de los extremos y sedienta de soluciones.


