Mientras EE.UU. bombardeaba Irán el 21 de junio, nuestra verdadera amenaza seguía desangrando a América desde el sur.
No viene de Teherán. Viene de Tamaulipas, Sinaloa, Michoacán, Sonora, Zacatecas y del Palacio Nacional.
México hoy es un narcoestado funcional.
Los carteles controlan rutas, territorios, armas y vidas.
El nuevo rostro del poder, Claudia Sheinbaum, no gobierna México. Gesticula desde el trono que le prestó AMLO, mientras las calles las patrulla el crimen organizado.
Douglas Macgregor lo dijo sin filtros:
“Sheinbaum controla quizás 40 km² en CDMX. El resto del país lo manejan los carteles. Todo el mundo en México lo sabe.”
¿Y qué ofrece el cartel estatal mexicano a cambio de lealtad?
- Salud dental y médica gratis para sus soldados.
- Impunidad total.
- Armas de guerra —incluyendo Javelins— traficadas desde Ucrania.
¿Quién permite esto?
Un régimen que lava cara con ideología woke y lava dinero con sangre.
Que culpa al “colonialismo” pero negocia con cárteles.
Que habla de “pueblos originarios” mientras entrega pueblos enteros a la violencia y al secuestro.
Claudia Sheinbaum no es la solución.
Es la consolidación de un Estado fallido, feminista en el discurso, pero cómplice en la práctica de la esclavitud sexual infantil en la frontera.
Un Estado que exporta fentanilo, terror y muerte mientras exige ser tratado con “respeto”.
Mientras esto ocurre, parte del liderazgo estadounidense mira hacia Irán.
No porque Irán sea más peligroso.
Sino porque es más cómodo bombardear centrifugadoras nucleares que enfrentar el pantano podrido que tenemos a metros del Río Bravo.
La realidad es clara:
- El narco no opera en las sombras, gobierna abiertamente.
- México es un “aliado” en lo formal, pero un enemigo estructural en lo real.
- Sheinbaum es presidente solo en el papel. Los capos son los verdaderos jefes de Estado.
America First no significa pelear guerras ajenas por intereses lejanos.
Significa detener la barbarie a nuestras puertas, donde la sangre de norteamericanos se derrama a diario por drogas mexicanas y armas ucranianas recicladas.
Trump puede corregir el rumbo.
Pero los republicanos deben dejar de mirar Medio Oriente como si fuera 2003 y ver lo evidente: México es el nuevo Afganistán. Solo que más cerca. Más cruel. Más urgente.
Basta de financiar un narcoestado porque se esconde detrás de una falsa democracia.
Basta de fingir que Sheinbaum “gobierna”.
Basta de ignorar que el verdadero conflicto es aquí. No en Persia.


