Colombia enfrentará en el 2026 un crítico panorama para sus finanzas públicas y su autoabastecimiento energético. Analistas señalan una combinación de malas ideas, nula estrategia, órdenes a diestra y siniestra y un desdén por toda gobernanza corporativa, como causantes de que el país pase por días bastante preocupantes.
Luego de tres años, ahora hay que pagar mucho más por el gas natural que se consume para cocinar; la producción de crudo se encuentra estancada.
Es una mala idea gastar a manos llenas y al mismo tiempo marchitar la fuente de ingresos fiscales más importante del país y así lo han hecho saber analistas y conocedores del mercado. Colombia perdió un escalón más en la calificación crediticia internacional, reflejado en que el estado está pagando más caro su endeudamiento, que aquel con el que muchas familias adquieren vivienda.
Es una pésima estrategia no reponer las riquezas naturales que se explotan a un mayor ritmo al que se consumen. Sin nuevos planes de exploración y con los largamente estructurados totalmente estancados en la maraña burocrática y de permisos ambientales, el país perdió la autosuficiencia energética.
Al parecer, desde el Gobierno no se han dado cuenta de esa peligrosa táctica y se han emitido órdenes a diestra y siniestra en la principal empresa del país, Ecopetrol. Esas órdenes apuntan a que, en ocasiones, realice actividades para las cuales pareciera no estar preparada.
Los observadores señalan que por ello, dos miembros prominentes de la junta directiva renunciaron a comienzos de este año. Se cansaron de las constantes intromisiones desde la cabeza del Gobierno, sin un norte claro.
Veamos más en detalle: por un lado, la fotografía actual muestra a un país altamente endeudado y con un enorme déficit fiscal. Por otro, sus reservas de hidrocarburos tienen un horizonte muy corto hasta su agotamiento, gracias a una política pública destinada a marchitar toda actividad petrolera y gasífera.
Sin que le vaya bien a la industria de hidrocarburos, es poco probable que a las finanzas públicas les vaya mejor. Su dependencia es muy estrecha, ante una política de “reindustrialización” y de diversificación de la actividad económica que no arranca.
Un reciente informe de la Contraloría General confirmó los escenarios más pesimistas. Las reservas probadas de gas natural están un 13% por debajo frente a las del año pasado, reduciendo el horizonte de autosuficiencia de 6,1 a 5,9 años. El país importaba gas para alimentar sus plantas generadoras de energía. Hoy, lo hace también para cocinar.
En el caso del petróleo, si bien se reporta un leve incremento de reservas al pasar de 7,1 a 7,2 años, hay un estancamiento más que un mejoramiento estructural.
De acuerdo con la gubernamental Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) mientras que en gas se está reponiendo apenas una molécula por cada 10 que se extraen del subsuelo, la situación del petróleo es aún peor, pues se ha incorporado apenas un barril nuevo por cada 100 que se extraen.
Una anécdota permite ilustrar la situación. Los más recientes comunicados de Ecopetrol, publicados a través de sus canales de información, se relacionan más con actividades de responsabilidad social que de la propia actividad que debería estar liderando: la de exploración y la explotación de hidrocarburos.
Uno de los últimos destaca gastos de la compañía empleados en atender una brigada de optometría para niños en el nororiental departamento de Norte de Santander. Anteriormente divulgó el apoyo entregado a familias campesinas del departamento del Meta para la exportación de 12 toneladas de cacao a Japón.
La compañía también entregó bicicletas a niños en un barrio del sur de Bogotá y el inicio de trabajos para la exploración del potencial geotérmico en el departamento de Nariño.
Lo anterior, sin mencionar los constantes reportes de medios de comunicación relacionados con escándalos contractuales, retención de datos y direccionamiento de contratos, entre otros.
En otro tiempo, Ecopetrol era activa divulgando informaciones sobre nuevas áreas de exploración, inversiones, acuerdos de asociación con grandes compañías extranjeras, áreas de exploración en otros países, la construcción de oleoductos y la exportación de hidrocarburos.
La depreciación de la acción de la compañía en la bolsa ajustó casi 24% únicamente en abril y es la principal responsable del desaliento total que ha tenido la Bolsa de Valores de Colombia desde el 2022.
Ecopetrol está en una clara estrategia de marchitamiento y eso no lo oculta el propio presidente Petro. Es más, la alienta.
El mandatario no se decide en convertir la firma en una generadora de energía limpia, o en una desarrolladora de tecnología de inteligencia artificial, o en una instaladora de fibra óptica, o en una transportadora de energía a Estados Unidos, o en una rescatista de última instancia de empresas en problemas financieros.
El académico Javier Mejía, de la Universidad de Stanford, dijo recientemente que la mayoría de desafíos que enfrenta Ecopetrol provienen en gran medida de esa intromisión de Petro en la gobernanza de la firma.
De las posiciones que asuma el próximo Congreso para detener este desgreño administrativo y financiero, dependerá que el país se aparte del abismo económico. Naciones hispanoamericanas, como Argentina, proporcionan ejemplos concretos de la manera cómo se deben asumir ambos retos, con excelentes resultados.


