El argumento de la aseveración que ha cundido en Europa en el sentido de que es necesario el viejo continente separar a Rusia de EEUU no descansa en un acontecimiento tangible ni en una declaración, doctrina o documento que le sirva de apoyo. Desde la Conferencia de Münich de 2007, Putin no ha dejado de pedir a los occidentales que mantengan la neutralidad de Ucrania, neutralidad que es garantizada en la declaración de soberanía de 1990 y el artículo 17 de la Constitución ucraniana de 1996, que prohíbe la presencia de bases militares extranjeras en suelo ucraniano.
Putin se declaró garante, tutor de los acuerdos de Minsk de 2014 y 2015, firmados por los separatistas y los kievenses, que preveían una federalización de Ucrania y el respeto a las lenguas minoritarias.
Bajo los efectos de esos acuerdos, Ucrania pudo rearmarse y no para verlos aplicándose; así lo reconocieron el presidente de entonces Petró Porochenko, Angela Merkel y François Hollande en diciembre de 2022.
Durante todo el año 2021, así en la cumbre del 16 de junio en Ginebra como con los dos proyectos de tratado sobre la seguridad europea, presentados por Moscú el 17 de diciembre, Rusia no ha dejado de multiplicar las ofertas de paz ni de esperar las reacciones de los occidentales; recuérdese la larga mesa que había servido para el papeleo en la negociación con Emanuel Macron. Sin éxito, por supuesto.
Sólo las declaraciones de los dirigentes polacos, bálticos y escandinavos y las proposiciones de los expertos cercanos a los medios neoconservadores apoyaron la tesis del militarismo agresivo de Rusia. No muy convincente.
El argumento podría entonces ser devuelto a sus autores. ¿No acaso el occidente el que no ha cesado de proclamar la necesidad de proseguir esta guerra para debilitar a Rusia, como lo ha repetido en varias ocasiones Lloyd Austin, ex director del Pentágono, es decir, para desmantelarla en 200 grupos étnicos independientes como lo ha propuesto el presidente polaco Duda en la conferencia del Bürgenstock? ¿No fue acaso la Ucrania de Zelenski la que impuso su veda a negociar con Rusia?
(Cf. Un decreto de Kiev introduce la imposibilidad de negociar con Putin, Reuters, 4 octubre de 2022).
¿Rusia quiere invadir a Europa y destruir sus “democracias”. ¡Falso!
Variante de la mentira precedente. El argumento consiste en retomar la teoría del dominó en vigor durante la guerra fría: si cede en Ucrania, Putin invadirá los países bálticos, luego Polonia y Europa. Esta es la tesis favorita de “The Economist”, la revista que ilumina al intervencionismo militar, que desdibuja sin cesar sus apoyos a un Putin que soñaba en conquistar a Europa y en reconstituir la Unión soviética o el imperio zarista, y hubiera querido conquistarlos a ambos al mismo tiempo.
Salvo que hasta ahora, Rusia no ha lanzado jamás ataques sobre un territorio europeo, a la inversa de los países de la OTAN cuyos ejércitos lo hicieron profundamente en territorio ruso, donde los satélites y los drones de observación examinan permanentemente el territorio ruso para guiar los misiles ucranianos en tanto que los expertos militares y de inteligencia forman e instruyen al ejército y los servicios ucranianos.
Putin jamás ha amenazado, y tampoco ha dejado entender que desearía atacar a Europa. No hay un solo discurso o escritos que hayan ido en ese sentido. Al contrario, ha afirmado que aquél que desee el retorno de la Unión Soviética carecía de entendimiento y que jamás ha cambiado de punto de vista en esta materia.
Ambas guerras de Chechenia fueron libradas en el interior del territorio ruso y no en el exterior. La breve guerra de Georgia de agosto de 2008 fue provocada por el ataque sorpresa de Sakaachvili en la inauguración de los JO de Pekín.
En cuanto a los conflictos congelados de Transnitria y Abjasia, datan de los años 1990, antes de la llegada de Putin al poder.
En cuanto a Ucrania, Putin ha siempre afirmado que deseaba una Ucrania desmilitarizada y «desnazificada» pero en ningún caso ocupada. El 15 de junio de 2024, el líder ruso formuló un plan de paz, el quinto desde 2014, que se limitaba a ponderar ambas exigencias. La única novedad es que se refería a las cuatro regiones anexadas en 2022, cuya población ruso-hablante no desea por ningún motivo reincorporarse a Ucrania después de los daños sufridos por ellas.
Si se limita uno a las declaraciones, Putin siempre ha afirmado que Rusia había recuperado sus territorios para desarrollarlos antes de pretender una nueva expansión. Hasta ahora, nada ha podido desmentir sus aspiraciones expresas.